Una de las posibilidades de transmitir esa información es hacerlo de forma literal: reproducir las palabras de esa(s) persona(s) de forma exacta. Lo llamamos discurso directo (o estilo directo). Es frecuente, entre otros, en la prensa escrita (las entrevistas), las citas en trabajos académicos, en documentos legales que toman declaración a una persona y a veces lo intentamos en los apuntes de clase. Anunciamos que la información es exacta y literal con las comillas, o, en otras ocasiones, con un tipo de letra diferente.

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Reproducir en nuestra conversación, de forma más o menos exacta, las palabras de otra(s) persona(s) supone representar un pequeño teatro. Hay que cambiar la entonación (incluso la voz) para diferenciar las palabras de la persona que repite las palabras y las que corresponden a otra(s) persona(s). Eso significa una narración dinámica, activa. Ese es, por ejemplo, el procedimiento empleado para contar un chiste, o una historieta que pretende lograr la risa de los demás y donde se suelen reproducir diálogos.

El objetivo del estilo directo es precisamente ese: la persona que habla quiere que sus interlocutores presten atención a lo que dice, y para ello teatraliza esas palabras. Las razones pueden ser muy diversas. La más frecuente suele ser la crítica a otra persona, y para ello se recogen sus palabras con un cambio de voz importante, que no pretende imitar sino caricaturizar a la persona criticada, y conseguir el “apoyo” de las personas que escuchan.

En otras ocasiones reproducimos las palabras de otra(s) persona(s) de forma más o menos exacta porque nos sirven para reforzar nuestros argumentos, porque hemos sido testigos de un acontecimiento relevante, etc. En estos casos, que no comportan crítica, presentados como una cita, no se suele producir un cambio de voz / entonación significativo.

[...] nuestros pueblos que, como dice el gran poeta cubano José Martí, son amigos sinceros que se tienden la mano franca. Unomásuno, México

[...] gané unos premios de cuentos y pude mantenerme un tiempo. Pero como decía Hemingway, las primeras mil páginas de un escritor son mierdas y las próximas mil comienzan a ser decentes.
Levante, El Mercantil Valenciano, España

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El uso del estilo directo pretende, como hemos visto, dinamizar nuestro relato y crear interés. La reproducción más o menos exacta de las palabras de otra(s) persona(s) supone respetar los tiempos verbales usados por ella(s), generalmente el presente. Y aunque esas palabras corresponden a un tiempo pasado, el anuncio de que empieza la referencia a esas palabras se suele hacer en presente y con fórmulas de introducción como va y dice: (el verbo ir con el significado de “empezar a hablar), se pone: (con el significado de decir), entre otras.

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