EJERCICIO UNO

Lee esta entrevista con el guitarrista Paco de Lucía (1947-2014). Completa los huecos que faltan (puedes incluir más palabras, como por ejemplo artículos) de la manera que creas que completa el significado del texto, pero –eso sí– con las palabras de esta unidad. En muchos casos existen varias opciones; en las soluciones puedes encontrar las más frecuentes.

- Si Eric Clapton es dios, Paco de Lucía ¿quién es?
– Un trabajador especializado. Y enamorado de su trabajo.

-
Pues (1) gente le venera...
– Eso me incomoda, no me gusta. Hay personas que se ponen nerviosas al acercarse a mí: siempre los relajo con
(2) broma.

-
Es que es usted un mito viviente.
– A solas me río de
(3) eso, de mí mismo, de tanta solemnidad. La vida es una broma. ¡ (4) sabe nada! Todo es teatro. Yo le veo la parte cómica y me río. Es lo que más me gusta del mundo: reírme.

-
¿Sí? Pues se le ve (5) tan serio... Y tan reconcentrado mientras toca la guitarra...
– Ya.
(6) músicos del grupo me dicen: “No nos mire con esa cara, maestro, que nos asusta”. Pero pongo esa cara por el miedo que tengo.

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- ¿Miedo? ¿Paco de Lucía tiene miedo?
– Sí, (7).

-
¿Miedo a qué?
– Miedo a hacerlo mal, a no estar a la altura de ese prestigio, de lo que se espera... Es miedo a defraudar... Siento
(8) nervios.

-
¿A estas alturas, maestro?
– ¡Más todavía, claro!: a mayor prestigio, mayor responsabilidad... En
(9) concierto, más miedo.

-
Vaya, no me...
– Sí. Anoche, por ejemplo..., toqué mal.

-
¡Jamás oí a un genio confesar (10) así!
– Mi mujer me dice: “¡No digas que tocas mal, que entonces los demás empezarán a decírtelo!”. Pero yo soy así: toqué mal.

-
¡ (11) las críticas fueron espléndidas!
– Ya, pero yo no conseguí lo que busco.

-
¿Y qué busca?
– El equilibrio, porque la guitarra es muy complicada, pide
(12) precisión. Si no logras ese equilibrio, es fácil perder notas... Mientras toco, estoy buscando ese equilibrio en el que todo fluye. En un instante ya me parecía que lo tenía... y, ¡ay!, volvía a perderlo...

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- Parece hablar casi de un éxtasis místico...
– Sí, es como un estado de meditación zen: es una lucha constante buscándolo. Y anoche lo busqué y no lo encontré. Fue horrible: entonces te equivocas, se te escapan notas...

-
¿Y qué sucede cuando sí lo logra?
–¡Ah..! Levitas… Desaparece
(13) miedo, toda inseguridad. Todo fluye, todo te sale, te sientes el rey del mundo, sientes que lo sabes (14) o... Es maravilloso. Es un estado que engancha tanto, tanto... que quieres volver a sentirlo, y lo buscas cada día.

-
Estoy sintiendo envidia... De no haber sido guitarrista, ¿a qué se dedicaría usted hoy?
– Sería un español más, trabajando en
(15) cosa. Pero poniendo los cinco sentidos.

-
¿Le apetecía ser guitarrista?
– Me propuse ser el mejor, el más grande: ¡no quería volver a ver llorar a mi madre porque en casa nos faltaba de comer! Por eso me volqué tan en serio, por eso pasaba la
(16) de mi tiempo tocando la guitarra, doce horas diarias desde los siete años... A veces (17) doce horas, ¡el día entero! Por pobre, por necesidad. Para mí la pobreza no fue un obstáculo, sino un estímulo.

-
Y lo consiguió.
– Cuando ya comíamos bien, vino el problema: “¿Y ahora qué?”, me pregunté. Sólo entonces fui consciente
de que la música me gustaba por sí misma
(18) cualquier otra cosa en el mundo.

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- Y tanto tocar la guitarra..., ¿no le cansa?
– ¡Muchísimo! Lo pensé anoche antes de salir al escenario: “No tengo
(19) necesidad de estar aquí, nervioso. Podría estar en mi sofá con mi copita de vino y mi platito de queso. No merezco esto...”

-
¿Y por qué lo hace, entonces?
– Eso, ¿por qué...? Por dinero no es... Mi conclusión es que es sólo por vanidad: es por gustar y, así, sentirme querido.

- ¿
Qué le apetece hacer cuando no toca?
– Salir a la playa ante mi casa en México, con ese sol que deslumbra, y bucear en sus aguas tan transparentes y cálidas, y pescar con mi arpón. Llevo treinta años pescando, y sólo pesco lo que voy a comerme,
(20) más.

-
Le veo a usted (21) feliz...
– Yo no he perseguido
(22), sólo he disfrutado de lo que ha venido a mi encuentro.

-
Si persigues la felicidad, la asustas, ¿no?
– Si deseas
(23) y no lo logras, te frustras. Prefiero sacarle jugo a lo que sucede, a lo que va llegándome. ¡Y así tengo ya (24) lo que (25) soñé de niño! Pedir más sería codicia.

La Vanguardia, España (TEXTO ADAPTADO)

PARA APRENDER MÁS...

- Si Eric Clapton es dios, Paco de Lucía ¿quién es?
– Un trabajador especializado. Y enamorado de su trabajo.

-
Pues la mayoría de la / mucha / casi toda la / la mayor parte de la... (1) gente le venera...
– Eso me incomoda, no me gusta. Hay personas que se ponen nerviosas al acercarse a mí: siempre los relajo con
alguna / cualquier (2) broma.

-
Es que es usted un mito viviente.
– A solas me río de
todo (3) eso, de mí mismo, de tanta solemnidad. La vida es una broma. ¡Nadie (4) sabe nada! Todo es teatro. Yo le veo la parte cómica y me río. Es lo que más me gusta del mundo: reírme.

-
¿Sí? Pues se le ve siempre / casi siempre / muchas veces / la mayoría de las veces... (5) tan serio... Y tan reconcentrado mientras toca la guitarra...
– Ya.
Los demás / Los otros / Todos los / Algunos de los... (6) músicos del grupo me dicen: “No nos mire con esa cara, maestro, que nos asusta”. Pero pongo esa cara por el miedo que tengo.

-
¿Miedo? ¿Paco de Lucía tiene miedo?
– Sí,
mucho / bastante (7).

-
¿Miedo a qué?
– Miedo a hacerlo mal, a no estar a la altura de ese prestigio, de lo que se espera... Es miedo a defraudar... Siento
muchos (8) nervios.

-
¿A estas alturas, maestro?
– ¡Más todavía, claro!: a mayor prestigio, mayor responsabilidad... En cada / cualquier (9) concierto, más miedo.

-
Vaya, no me...
– Sí. Anoche, por ejemplo..., toqué mal.

-
¡Jamás oí a un genio confesar algo (10) así!
– Mi mujer me dice: “¡No digas que tocas mal, que entonces los demás empezarán a decírtelo!”. Pero yo soy así: toqué mal.

-
¡Todas / La mayoría de / La mayor parte de... (11) las críticas fueron espléndidas!
– Ya, pero yo no conseguí lo que busco.

-
¿Y qué busca?
– El equilibrio, porque la guitarra es muy complicada, pide
mucha / toda la (12) precisión. Si no logras ese equilibrio, es fácil perder notas... Mientras toco, estoy buscando ese equilibrio en el que todo fluye. En un instante ya me parecía que lo tenía... y, ¡ay!, volvía a perderlo..

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- Parece hablar casi de un éxtasis místico...
– Sí, es como un estado de meditación zen: es una lucha constante buscándolo. Y anoche lo busqué y no lo encontré. Fue horrible: entonces te equivocas, se te escapan notas...

-
¿Y qué sucede cuando sí lo logra?
–¡Ah..! Levitas… Desaparece
todo / todo el / cualquier... (13) miedo, toda inseguridad. Todo fluye, todo te sale, te sientes el rey del mundo, sientes que lo sabes todo / casi todo (14) o... Es maravilloso. Es un estado que engancha tanto, tanto... que quieres volver a sentirlo, y lo buscas cada día.

-
Estoy sintiendo envidia... De no haber sido guitarrista, ¿a qué se dedicaría usted hoy?
– Sería un español más, trabajando en
cualquier (15) cosa. Pero poniendo los cinco sentidos.

-
¿Le apetecía ser guitarrista?
– Me propuse ser el mejor, el más grande: ¡no quería volver a ver llorar a mi madre porque en casa nos faltaba de comer! Por eso me volqué tan en serio, por eso pasaba
la mitad / la mayor parte... (16) de mi tiempo tocando la guitarra, doce horas diarias desde los siete años... A veces más de (17) doce horas, ¡el día entero! Por pobre, por necesidad. Para mí la pobreza no fue un obstáculo, sino un estímulo.

-
Y lo consiguió.
– Cuando ya comíamos bien, vino el problema: “¿Y ahora qué?”, me pregunté. Sólo entonces fui consciente de que la música me gustaba por sí misma
más que (18) cualquier otra cosa en el mundo.

-
Y tanto tocar la guitarra..., ¿no le cansa?
– ¡Muchísimo! Lo pensé anoche antes de salir al escenario: “No tengo
ninguna (19) necesidad de estar aquí, nervioso. Podría estar en mi sofá con mi copita de vino y mi platito de queso. No merezco esto...”

-
¿Y por qué lo hace, entonces?
– Eso, ¿por qué...? Por dinero no es... Mi conclusión es que es sólo por vanidad: es por gustar y, así, sentirme querido.

-
¿Qué le apetece hacer cuando no toca?
– Salir a la playa ante mi casa en México, con ese sol que deslumbra, y bucear en sus aguas tan transparentes y cálidas, y pescar con mi arpón. Llevo treinta años pescando, y sólo pesco lo que voy a comerme,
nada (20) más.

-
Le veo a usted muy / bastante (21) feliz...
– Yo no he perseguido
nada (22), sólo he disfrutado de lo que ha venido a mi encuentro.

-
Si persigues la felicidad, la asustas, ¿no?
– Si deseas
algo (23) y no lo logras, te frustras. Prefiero sacarle jugo a lo que sucede, a lo que va llegándome. ¡Y así tengo ya todo / más de (24) lo que jamás / nunca / siempre (25) soñé de niño! Pedir más sería codicia.

La Vanguardia, España (TEXTO ADAPTADO)

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